EL LUNES INICIA A RASTRAS

20180705-DSC_0149Lourdes Ferrufino

I
El lunes inicia a rastras.
Nada merece mayor atención salvo un ojo en el cemento.
Preciosa bola de azúcar con un iris que gotea.
II
Tengo 25 años y busco una excusa para irme a vivir con vos.
Te confieso que no quiero acostumbrar mi cuerpo a tu rutina
o acostumbrar la tuya a mis lunes de ojos azucarados.
III
Te confieso que el lenguaje de los muertos es inflexible
porque dios lo codificó a su imagen y semejanza.
Y es penosamente imposible de memorizar.
Nos tomaría el invierno por sorpresa
y no aprenderíamos siquiera a enmudecer.
IV
Tengo este cuerpo que todavía no se acostumbra a vos.
Apenas se acostumbra al vapor de la calle principal
atestada de mujeres hartas de contar facturas.
Difícil entonces, tomar mis cosas y aparecerme en tu puerta
cuando todavía mi cuerpo aprende el canto de la legalidad.

Lourdes Ferrufino
El Salvador, 1992. Licenciada en Letras por la Universidad de El Salvador (UES – FMO). Se dio a conocer por el certamen literario de mujeres «La flauta de los pétalos» (2015), organizado por el centro de Estudios de Género de la UES. Dirige los ciclos de poesía “La Página Desértica” en diferentes espacios de la ciudad de San Miguel. Obra publicada: «Diluvio» (2017). Actualmente se dedica a la docencia.

  • Imagen de Natalia Cajero (2018).
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La dama y la fiera: estereotipos femeninos en la literatura

ferrufiñoCelene García Ávila

La literatura ha dejado muchas heroínas memorables; cada una de ellas revela una manera de concebir el papel de las mujeres en la sociedad, de manera que tras la lectura de algunas novelas los lectores tienen ante sí diversas imágenes de estudios femeninos elaborados por escritores de todas las épocas. Según Lucía Guerra, en su libro Mujer y escritura: fundamentos teóricos de la crítica feminista, las imágenes de la mujer en la literatura despliegan una compleja trama axiológica que evidencia el “deber-ser” y el “no-deber-ser”, lo cual pone a flote los prejuicios sexistas y manifiesta una apropiación masculina que proyecta en esas representaciones temores y aspiraciones. Cabe señalar que los estereotipos femeninos se fundan en la función biológica, de modo que giran en torno del concepto mujer-matriz.

Si tuvieran que señalarse algunos tipos femeninos, podrían mencionarse: la niña ninfa y terrible seductora, la virgen que se va a casar, la casada virtuosa, la adúltera y la vieja poco simpática. Por ejemplo, es muy popular la trama de la bella princesa que, en edad casadera, dará su mano al arrojado pretendiente que salga victorioso de las arduas pruebas a las que habrá de enfrentarse. En ocasiones, la princesa también atraviesa dificultosos periplos que bien pueden compararse con los que experimentan los personajes varones, por la carga de aventuras y emociones que habrá de enfrentar. Un ejemplo es Gudrun, personaje de la saga nórdica, quien tiene dos pretendientes: Herwig, y el bravo y cruel Sigrid, rey de los moros, quien la rapta y la convierte en lavandera en lejanas tierras. Sin embargo, el papel de Gudrun sigue siendo el de fortalecer las alianzas entre los reinos y, acaso, pacificar antiguas rencillas, aunque también, cual Elena de Troya, muestra el peligro latente de generar una guerra entre los pueblos de donde proceden los rivales que la desean.

La contraparte de la casadera es la joven insumisa, la enamorada que huye con el amante, renegando del prometido o del marido. Así, habría que mencionar el relato medieval de Tristán e Isolda (siglo XII), quienes se enamoran perdidamente gracias al hechizo del filtro de amor (si bien salvaguardados por la espada de Tristán que supuestamente pone freno al encuentro sexual: véase aquí cómo este tema se conserva dentro del orden social, ya que el hechizo lo presenta como un acto involuntario). El adulterio como tema literario ha sido motivo central de muchas obras. Una de las más memorables es Madame Bovary (1856-1857), de Gustave Flaubert; en esta novela la provinciana Emma Bovary se siente asfixiada en su sencilla rutina como la esposa del médico Charles. De modo que su aburrimiento la encauzará al adulterio y a la ruina, pues resultará embaucada por un comerciante sin escrúpulos; el desencanto final ocurre cuando comprende que sus amantes no llenarán su anhelo de amar. Entonces, se envenena mostrando la impotencia de salir de la cárcel de convenciones en la que vive.

Otro ejemplo es Lady Chatterly’s Lover (1928), pues D.H. Lawrence retrata a un personaje femenino desbordante de erotismo. Constance y Ollive Melors son una pareja memorable de la literatura porque, en aras de vivir su intensa relación como amantes, rompen convenciones sociales y de clase. En contraste con las atrevidas disipadas, hay personajes cuyo papel es ser mujeres casadas que asumen esa función y no se permiten errar en el adulterio, como Daisy, la esposa de Tom Buchanan, en The Great Gatsby (1925). Daisy Buchanan se queda atrapada en el cúmulo de convenciones que le impone su clase social y opta por no arriesgar su condición de mujer respetable; por eso, prefiere quedarse con su marido, aunque guarde gran afecto por Gatsby, el antiguo novio que ha regresado a buscarla y aunque padezca las continuas humillaciones de Tom.

Así pues, los problemas de censura que tuvieron que enfrentar tanto Flaubert como D. H. Lawrence, con las novelas a las que me he referido anteriormente revelan la temperatura del termómetro moral de sus respectivas épocas. Fueron consideradas escandalosas y con faltas a la moral tanto Madame Bovary por el planteamiento explícito del tema del adulterio como Lady Chatterly’s Lover por las descripciones explícitas de escenas sexuales, el abierto cinismo y la crítica a la hipocresía de las clases sociales acomodadas: Constance prefiere seguir una insípida relación con su marido paralítico antes que arriesgarlo todo y huir con el leñador Mellors. Si bien estas dos historias evidencian algunas de las motivaciones que las dos heroínas tienen para establecer relaciones fuera de sus respectivos matrimonios, ninguna de ellas llega a obtener autonomía: Emma se suicida y Constance regresa a su insípida vida.

Otro estereotipo es la matrona dominante; mientras unas veces quiere sacar ventaja de sus hijos o hijas, como la mamá de doña Flor, en Doña flor y sus dos maridos (1966), de Jorge Amado, otras es tan cruel que se desentiende de sus hijos o, en casos extremos, los odia, tal sería el caso de Doña Bárbara, poderosa e inflexible terrateniente venezolana, que emergió de la pluma de Rómulo Gallegos en 1929 en su novela homónima. Es claro que, en los ejemplos discutidos hasta este punto, las mujeres tienen bien delimitado su radio de acción a la esfera de lo privado. Por ello, los conflictos que enfrentan tienen que ver con la subjetividad de los personajes, con sus sentimientos y con las decisiones que ellas toman para hacer frente a sus emociones. Incluso en el caso de Doña Bárbara, se nota el papel fundamental de las emociones en su actuar, aunque como la cacique del pueblo representa a un personaje masculinizado y terrible (quizá habría que destacar lo amargo de su carácter y relacionarlo con el hecho de cuando era joven fue violada por unos piratas). Curiosamente, personajes femeninos mayores, como la mamá de Doña Flor, y Doña Bárbara rayan en lo caricaturesco o en lo grotesco; si bien demuestran rasgos nobles, se destaca en ellas lo antipático, lo cruel o lo ridículo. De esta manera, se acentúa como el rasgo valorativo en las mujeres la belleza y la juventud, asociadas a la edad fértil y sexual, antítesis de estos retratos de menopáusicas desquiciadas o insoportables.

En otro punto de la escala se encuentra la niña terrible y precoz, la seductora Lolita de Nabokov (1955). En el caso de Lolita, se observa la pertinaz pero sutil presión de Humbert para lograr que la adolescente deje aflorar su sexualidad; la relación entre estos dos personajes se vuelve posible gracias al fortuito atropellamiento y muerte de Charlotte Haze, la madre de la jovencita. Humbert no dudará en mentirle a Lolita con respecto a su mamá, con tal de lograr que la joven huya con él. Lolita no ha terminado de madurar cuando, ya huérfana, se engancha en una relación emocional y sexual con este hombre mucho mayor que ella. Luego aparece como una triste muchacha embarazada.
Las mujeres de esos mundos novelescos no parecen tener ocupaciones en las actividades económicas de la sociedad (excepto Doña Bárbara en su papel de cacique), más allá de las que implica su participación como seres destinados a entregar sus cuerpos femeninos a la institución del matrimonio. O bien, para escapar de las contingencias y frustraciones, se arrojan, con las emociones a flor de piel, a la trampa liberadora del adulterio. Lolita encumbra la noción de la niña-mujer destinada a satisfacer los apetitos sexuales del profesor Humpert; su destino la convierte en una huérfana necesitada de un afecto paternal y sexual a la vez. Al crecer un poco, su necesidad de independencia la lleva a huir de Humpert y busca a un compañero más joven; pero Lolita no crece como ser humano; más allá de demostrar su sensualidad, es un ser desamparado, aspecto que se confirma con su embarazo a los diecisiete años y porque necesita dinero.

Es evidente la fascinación de los escritores varones por sus personajes femeninos. Si bien logran, por un lado, un excelente análisis tanto de la psicología de sus personajes como de los valores sociales que se asocian a lo femenino, difícilmente logran superar los signos de una cultura que ha tratado a través de los siglos de domesticar a las mujeres: aquellos rasgos acerca de lo que parece aceptable o no dentro del mundo de la novela, analogía del mundo de convenciones de lo real. No quiero decir con esto que estas novelas reproduzcan pasivamente la opresión social de las mujeres, ya que en todas las que he mencionado hay algún rasgo disonante con respecto a los rígidos modelos sociales. Sin embargo, estos mundos de ficción no logran mostrar de qué manera podrían las mujeres escapar del molde de las normas sociales y de los prejuicios: o se matan o se frustran o se inventan fantasías o viven en la pobreza o, simplemente, aceptan el papel que la sociedad les tiene asignado: todas ellas encuentran obstáculos para hallar una vida plena.

Celene García Ávila (Toluca, México). Escritora e investigadora mexicana. Doctora en Literatura Hispánica por el Colegio de México.

Sus líneas de interés son la literatura comparada, la literatura moderna y la poesía. Sus estudios abarcan la investigación de la literatura hispanoamericana de los siglos xix y xx, los vínculos de la literatura hispanoamericana con las literaturas francesa e inglesa y el fomento a la lectura.

Fue colaboradora de las publicaciones La colmena, Nueva Revista de Filología Hispánica nrfh, Mutatis Mutandis. Revista Latinoamericana de Traducción, y Tiempo de educar, entre otras.

Becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes feca en la categoría Jóvenes Creadores 2000. Ha publicado libros de poesía y dos libros de investigación individuales. Textos suyos han aparecido en más de tres antologías nacionales.

Taxidermia

OTONIEL GUEVARA

*Tercera parte del libro “La pipa del albatros”
Primer lugar Juegos Florales de San Vicente 2018

PUEBLO. 5:37 DE LA TARDE.

y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.
ELISEO DIEGO
[Comienza un lunes]

Es invierno y no llueve

El diapasón tremula sobre el pecho vacío de las cosas sin vida
una armonía asaltada por el polvo

Los mendigos se cubren de la mirada de la gente
con la diversidad de olores de su alta miseria

Hay en el aire suficientes utensilios para volver a casa
pero la casa quedó enredada
entre púas de guerra

Es invierno y la tierra
florece de dogales
y de raíces muertas
pero una orquídea reza manotazos de aire embellecido

En la estación
los trenes
siguen más retrasados que la lluvia

 

CHARLES BAUDELAIRE. 2017.

sus alas de gigante le impiden caminar.
CHARLES BAUDELAIRE
[El albatros]

No hay marineros,
solo piratas, roedores y contrabandistas.

Ninguna estrella,
solo lisiados, paranoicos y niños balaceados.

No hay océano,
ni barcos, ni pipas,
ni siquiera piedad.

El poeta cruza el cielo en vuelo furibundo,
imperceptible,
con su dolor inútil.

 

PERROS. PUERTA ABIERTA.

Los animales de mi especie
no hacen servicio militar
JOSÉ EMILIO PACHECO
[Dentelladas]

Los perros no conocen su sombra,
cuando aúllan
es porque la han perdido y no lo saben.

Tampoco saben cómo huelen los féretros.
Ante la muerte
solo atinan a enrollarse en sus propios ramajes.

Los perros no usan máscaras ni trajes,
no enloquecen por deudas,
ni aspiran a una foto de ojos claros.

A los perros
les cuesta suicidarse.

 

CERDO. TRIÁNGULO NORTE.

Nos dividíamos en ebrios y sobrios,
inteligentes e idiotas, ebrios e inteligentes,
sobrios e idiotas.
EFRAÍN HUERTA
[Borrador para un testamento]

El cerdo se salvó de morir acuchillado
en un motín carcelario,
se salvó de morir en un barrio contrario.
El cerdo
se salvó de morir en demencia
agrietado
por las salvajes púas
del crédito imperial. Se salvó de morir
violado por su padre.

El cerdo se salvó de ser humano.

 

MENSAJEROS. ETERNIDAD.

Oigo los pájaros afuera,
otros, no los de ayer que ya perdimos.
EUGENIO MONTEJO
[Pájaros]

Hay un pueblo de pájaros que cantan
Bajo la lluvia esconden sus gorjeos
Pero más peligrosos que los truenos
son sus ásperos murmullos azulados

Sobre los incendios que ellos mismos provocan
su voz rompe los humos y acatarra a las piedras

Cuando ellos cantan
las estrellas celebran

Todos los días vuela su palabra
una frase tras otra

Todos los días el mensajero cambia
hasta la eternidad

Ellos son pájaros
solo pájaros
no necesitan nombres ni apellidos

 

Otoniel Guevara (Quezaltepeque, El Salvador). Estudió periodismo en la Universidad de El Salvador. Ha laborado como creativo publicitario, periodista y gestor cultural. Su obra poética, que consta de más de una treintena de títulos, es reconocida en todo el continente y ha merecido atención en otras lenguas (inglés, francés, italiano, portugués, húngaro, rumano, sueco, griego y kurdo) a las cuales ha sido traducida parcialmente. Gran animador de festivales y encuentros de poetas desde hace más de 15 años es fundador de la «Red Nuestra América de Festivales Internacionales de Poesía», Medellín, Colombia, 2010 y del «Movimiento Poético Mundial», Medellín, Colombia, 2011. Es coordinador ejecutivo de la Fundación Metáfora y director del Proyecto Editorial “La Chifurnia”.

El rayo que no cesa

hector1final
Héctor Julio García

Murió una tarde con dos de sus amigos. Quedamos perplejos. Gabriel siempre fue bueno, servicial con todos, lo que llaman un muchacho dedicado. Por eso su muerte nos tomó por sorpresa. Porque siempre creímos que estaría a nuestro lado. Sigue leyendo “El rayo que no cesa”